17.10.07

El Topo. (1970).


Alexandro Jodorowsky



Un tipo vestido de negro, con sombrilla, cabalga a mitad del desierto mientras su pequeño hijo desnudo se ubica en las ancas del rocín: "Hoy cumples siete años, ya eres un hombre. Entierra tu primer juguete y el retrato de tu madre". Esa frase sintética refiere el inicio del hito más sonado de la filmografía psicodélica. Película predilecta de varios artistas influyentes en la historia contemporánea del planeta.

Escribir bajo el influjo el LSD trae siempre experiencias extrañas; la percepción cambia radicalmente y no se dota de mucho sentido a las ideas. No sé si el estupefaciente era el motor de su inventiva, pero al menos es lo que aparenta. Absurdos personajes bajo una óptica turbia y bizarra, si se mira de cerca, pero de lejos parecen ser dibujados con preceptos religiosos, espirituales, masónicos… místicos y profundos en general.

¿Qué motiva a Jodorowsky?, ¿Qué quiere expresar?, ¿Por qué es tan provocador? Son preguntas que todos los que hemos visto algo de su cine nos hemos hecho en algún momento. En el fondo, el director disfraza un orden extático en medio de un marasmo incomprensible, imprime equilibrio donde aparentemente sólo figura el caos.

En general la cinta habla sobre un camino tortuoso, complejo y cansado. Una transformación espiritual que sólo a ciertas personas les corresponde hacer: “El topo es un animal que cava galerías bajo la tierra, buscando el sol. A veces, su camino lo lleva a la superficie; cuando ve el sol queda ciego”. La búsqueda de la verdad absoluta, la panacea del conocimiento, el nirvana. La semejanza con la parábola de la Caverna utilizada por Platón no es forzada; la verdad está ahí pero nadie aspira siquiera a verla y si lo hace jamás se daría cuenta.

En su primera empresa libra a unos franciscanos del azote de los bandidos fetichistas. Los forajidos cabalgan iguanas, pintan los labios de los monjes con sangre y bailan valses con ellos. Cerdos, homosexualidad, efigies, perversión y una mujer insípida y extraña de nombre Mara, como el agua amarga, es lo que el pistolero encuentra en la abadía. Cuando por fin extingue el abuso, el Coronel le pregunta “¿Y tú quién eres para cobrar venganza?” y el Topo le responde “Soy Dios”. La mujer se marcha con él y constantemente lo estimula a conseguir lo que a ella le place (inclusive a abandonar a su hijo); es un ser lleno de envidia y ambición.

Mara representa el lado obscuro, la tendencia a progresar a costa de lo que sea y de quien sea. Es ella la que lo incita, la que orilla al pecado, la que sentencia de manera errónea e inequitativa, seduce y es ingrata. La Nueva Eva tentando a Adán o la Nueva Helena produciendo variadas calamidades.

Inflama en él el deseo de ser el pistolero más reconocido. Para este propósito tiene que derrotar a los cuatro Maestros del Revólver. El primero es un ser un tanto andrógino y ciego (su cerbero es un sujeto formado por dos cuerpos: uno carece de brazos y otro de piernas), en su recinto puede observarse una cabra (no un cordero) crucificada; "no me duele matarte porque sé que la muerte no existe" expresa al verse retado a un duelo. El topo lo aniquila sintiéndose terriblementa mal por la manera en que ha ganado, en ese mismo instante la mujer disfruta matando a su dupla de excéntricos escuderos. El topo los entierra juntos.

El segundo es un obeso que vive con su madre, ella defiende la existencia del destino y la posibilidad de conocerlo a través de la cartas, expone un punto trascendental: entre más viles sean las acciones del pistolero más alto ascenderá; le enseña el secreto de ser delicado y firme a la vez. "Tú disparas para encontrarte, yo lo hago para desaparecer". El Segundo Maestro cree que El Topo asesina porque es incapaz de sentir, eso le hace suponer que da cuando en verdad está tomando.

El tercero es un sujeto rodeado de conejos. “Sientes náuseas de ti mismo, no quieres traicionar más. Ahora deseas respetar la ley. Algunos regalan flores, otros objetos preciosos. Tú me traes como presente tu propia vida; ya no temes morir, por eso eres un enemigo peligroso”.

El cuarto es invulnerable. Es un anciano sereno y pasivo que posee el más profundo conocimiento. Su alma ha superado una buena cantidad de sufrimientos y eso se refleja en su tranquilidad. Ante la amenaza de matarlo, responde:
“¿Cómo podías ganar? Si yo no combato, no tengo nada. Aunque hubieras hecho una trampa no me hubieras podido quitar nada
-Sí, te hubiera podido quitar la vida
-La vida no me importa. Te lo voy a demostrar.” La escena termina cuando el último Maestro, el más sabio, se da un tiro y exhala la palabra “Perdiste”.

Qué es la vida si no algo pasajero. El último enemigo sabe que nuestra existencia es sólo tránsito; no se inmuta ante la muerte porque sabe que la felicidad radica en poder desprenderse de los objetos y de las personas. Él ha vivido y está satisfecho con todo lo que ha hecho y ha dejado de hacer. Cuando uno puede tener esa seguridad es que su vida ha sido plena.

El Topo siente ahora asco de sí mismo, por fin se ha visto como la carroña que hasta ese momento era porque ha tocado fondo. Ahora empieza en él la verdadera transformación. Abandona a su mujer y empieza a reflexionar sobre sí mismo a mitad de un puente. Parafrasea a Jesús profiriendo “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?” Y al igual que el antiguo Maestro, deambula por el desierto extrayendo de la soledad la fuente de la eterna sabiduría.

En medio de la meditación es traicionado por Mara y es rescatado por unos enanos que viven en el fondo de la superficie. El Topo llega al antro donde habitará, inconsciente, los próximos años. Profeta de fenómenos, mártir de los desposeídos. El augurio revela que él los llevará a la superficie, que los liberará de su vida de miseria. El pueblo al que aspiran (su paraíso) está corrompido y enajenado. Impera la vanidad y el egoísmo. Caricatura de la sociedad moderna donde lo único que parece importar es la capacidad de compra.

El pueblo rinde culto al dinero. Están a favor de la esclavitud y gozan con el sufrimiento. Su religión está igualmente podrida y sus dirigentes religiosos persiguen los mismos superficiales intereses. La pirámide de los illuminati (el símbolo actual del dólar) polula por todo el lugar.

Cuando los seres subterráneos por fin arriban a su tierra prometida son terriblemente asesinados. La sociedad no acepta a aquellos que son diferentes o que juzga inferiores. Intolerencia total. Al final, el Topo no puede soportarlo y se prende fuego, emulando al monje budista que protestó por la guerra en Vietnam. El desenlace consiste en el éxodo de sus dos hijos.

2 comentarios:

anarkia a traves de la alkimia dijo...

Una interpretacion absolutamnt genial, la puta oxxtia...No solo m ha ayudado a darle palabras a lo q yo snti cuando la vi si no q ademas no difiere en nada con mi opinion

aRkHAm AsyLUm dijo...

Es reconfortante saber que alguien ve más allá de esas imágenes absurdas, a los ojos del gran público.

Película harto compleja y llena de referencias espirituales.

Jodorowsky es un sujeto bastante extraño y eso lo refleja en su cine. No es nada accesible porque es fácil confundir lo profundo con lo ordinario.